Covid-19: por qué a los espacios de decisión les urge la participación de más mujeres

¿Cuánto mejor puede ser una respuesta trabajada desde múltiples perspectivas? La crisis desatada por el coronavirus desnudó y profundizó las graves desigualdades que enfrentan las mujeres alrededor del mundo.

En el marco del Ciclo “El Rol de las Mujeres en la Pandemia” del Ministerio de la Mujer de Córdoba, en el que se consultaron a más de 20 especialistas en género de Latinoamérica, las opiniones coinciden en afirmar que la pandemia ha visibilizado la inequidad tanto dentro como fuera del hogar, en el ámbito privado y también público.

Entre los aspectos centrales se destacan la presencia mayoritaria de mujeres en los equipos de salud, lo que las expone a un mayor riesgo de contagio y estrés; la casi entera asunción de responsabilidades domésticas y de cuidado, su voluntariado comunitario en ollas populares, la feminización de la pobreza provocada por la precariedad laboral, el aumento de la violencia intrafamiliar y femicidios y la subrepresentación en los espacios de toma de decisión.

Pero, ¿cómo se actúa ante este panorama? El primer paso apunta a visibilizar estas situaciones para abordarlas, pero desde un enfoque multidimensional. De ahí la importancia de que más mujeres sean consultadas y que más mujeres integren los comités de crisis, lo que supone una mayor probabilidad en la generación de estrategias superadoras.

Estas “lideresas” aportarían una interesante percepción de impactos diferenciados desde la experiencia, la incorporación de enfoque de género, y la diversidad de perspectivas y agendas. De esta manera, el resultado podría decantar en decisiones más inclusivas, que impulsen mejores respuestas.

Y después, ¿qué?

El cambio en el abordaje de las situaciones de inequidad resulta urgente, especialmente para mitigar la crisis post-cuarentena.

En este sentido, las expertas manifestaron su preocupación y coincidieron en resaltar la necesidad prioritaria de trabajar sobre las consecuencias en las dimensiones económicas y sociales, que están afectando con mayor crudeza a los sectores más vulnerables, entre los que se encuentran las mujeres.

Por eso, en plena crisis y también en los procesos posteriores, la presencia de mujeres en posiciones de liderazgo será esencial. La esperanza está depositada en un trabajo intersectorial, en red e inclusivo y en que el COVID-19 sea, más allá de todo, una oportunidad para que los gobiernos locales y regionales apuesten por un cambio de paradigma, que considere las asimetrías de poder y sirva como cimiento para el diseño de políticas públicas que atiendan definitivamente la desigualdad.